En octubre de 1994, el arqueólogo alemán Klaus Schmidt con los datos que le aportó otro colega de Chicago en 1960 de un montículo cerca de la aldea de Urfa carente de interés. Pero Schimdt junto a otros colegas no desistió y emprendió la búsqueda. El principio fue descorazonador, pero sin embargo continúo «Nos detuvimos sin ver rastro arqueológico alguno, sólo las huellas de los rebaños de ovejas y cabras».
Pero había que continuar. A tan solo 14 km de Sanliurfa avistaron la "colina panzuda" fiel reflejo de actividad humana pasada «Mientras nos aproximábamos a la colina, la superficie comenzó a brillar […]. Era como una alfombra de miles de cristales de fuego: fragmentos de artefactos producidos por el hombre». Pero lo mejor estaba aún por llegar. Tropezaron con bloques inmensos tallados y de la escultura que en ellas estaban plasmadas.
